El Dragón Barbudo

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El dragón barbudo es un reptil muy popular ya que suele ser sociable y dócil una vez se ha habituado a su cuidador.

El dragón barbudo pertenece al género Pogona, especie Vitticeps y procede de Australia. Son lagartos vigorosos con cabeza y extremidades grandes y fuertes, que pueden alcanzar una longitud máxima de 60 cm, en el caso de machos adultos. La mitad de su longitud pertenece a la cola, larga y firme como en otras especies del género. Su color natural es entre grises y marrones, aunque hoy en día se han conseguido muchas variables cromáticas y formales de esta especie: citrus, rojos, línea zero, leatherback, silback (sin púas), hypotrnas, y muchos más

Hábitat
Los lagartos barbudos necesitan un terrario amplio. Las dimensiones mínimas serán 90x45x30 cm, incrementándose en el caso de alojar más de uno. El terrario debe cerrarse con una tapa que evite fugas no deseadas.

Es muy importante realizar un buen acondicionamiento y preparación del entorno del animal, procurando lugares dentro del terrario donde pueda refugiarse cuando lo desee o, en el caso de convivencia con otros ejemplares, le permitan disponer de un espacio vital propio. Para ello, se pueden disponer rocas a modo de cuevas o troncos huecos y ramas. Estos elementos han de estar fijos para que no se derrumben sobre el animal y no deben contener aristas, esquirlas o púas que puedan dañarle. Asimismo, hay que conocer muy bien los materiales de los elementos empleados en la decoración del terrario, evitando sustancias que, ingeridas o inhaladas, causen problemas a sus “inquilinos”.

En cuanto al sustrato, se puede emplear arena gruesa o fina, pero puede causar daños por ingestión y hay que vigilar, ya que el animal puede tomarla sola o mezclada con alimentos en el suelo. Por tanto, hay criadores que prefieren emplear otros materiales como la conchilla molida.

Sol y agua
El agua que necesitan los reptiles suele provenir de los alimentos que aportan la ración diaria, sobre todo de los vegetales. Sin embargo, conviene que dispongan en el terrario de un recipiente no muy hondo con agua fresca y limpia que se renovará a diario. En ocasiones se recomienda, sobre todo en épocas de mayor calor o muda, pulverizar agua sobre el animal o sobre el terrario, procurando no elevar demasiado la humedad del ambiente. Los dragones, como tantos otros seres vivos, dependen de la luz UV para la síntesis de vitamina D que les permite mantener correctamente el metabolismo del calcio. Es conveniente que tengan periodos de luz y oscuridad de 12 horas cada uno.

La temperatura del terrario debe estar en un rango de 20-22 ºC durante la noche y en general 30ºC, con disposición de algún foco o zona de calor con temperatura cercana a 35-40 ºC. Es muy beneficioso que reciban luz solar directa, pero nunca a través del cristal, ya que actuaría como lupa, sino instalando una rejilla en la parte superior.

Comida
Los dragones barbudos son omnívoros y muy voraces. Debemos evitar sobrealimentarlos una vez alcancen su madurez, pues son propensos a engordar. La dieta tiene que ser lo más variada posible para evitar patologías por malnutrición.

Cuando son recién nacidos, y hasta los cuatro meses aproximadamente, se les debe ofrecer insectos pequeños para introducir después otros alimentos, combinaremos alimento vivo como gusanos (tenebrios), grillos, cucarachas… de pequeño tamaño, aparte de fruta y verdura. En edades jóvenes ingieren más proteína a través de insectos o pequeñas presas vivas (cría de ratón), mientras que los adultos basan su ingesta en frutas y verduras, disminuyendo el porcentaje proteico de la dieta.

En general, los jóvenes deben ingerir insectos a diario mientras que los adultos lo hacen cada dos o tres días. Las presas aportan calcio y proteína de calidad y ocasionan menos problemas de obstrucción intestinal que el exceso en la ingesta de insectos. Hay que asegurarse de que la presa no sea demasiado grande para el individuo (una buena referencia es que no sea mayor que la distancia que hay entre los ojos del dragón).

Es recomendable suplementar la dieta con vitaminas y calcio en todos los casos, sobre todo en aquellos individuos en crecimiento o hembras en periodo de cría (dos veces por semana aproximadamente).

Señales de alarma
Hay que alertarse si un dragón no quiere comer de forma reiterada. Podría obedecer al hecho de que esté hibernando, aunque hay que procurar que no se produzca una hibernación completa si no son individuos adultos y en buen estado corporal. También puede producirse una disminución de la actividad en determinados momentos, en los que el animal sale a comer y vuelve a su refugio.

Las causas de la anorexia pueden ser múltiples; mal manejo, estrés, temperaturas bajas, hembras grávidas, enfermedad o simplemente que no le guste la comida que se le ofrece. En el caso de introducir nuevos alimentos hay que ser paciente y ofrecerlos repetidamente junto con otros ya conocidos. Las dietas pobres o poco variadas generan problemas metabólicos. El más frecuente es por deficiencia en aporte de calcio y produce degeneración con reblandecimiento e inflamación de las articulaciones (mandíbula) y fracturas.

La muda no es una enfermedad, pero puede crear problemas que normalmente se solucionan con baños de agua tibia. No hay que arrancar la piel muerta, sino facilitar su desprendimiento.

Es necesario que un veterinario realice siempre un reconocimiento general del animal, así como un diagnóstico de control de parásitos externos e internos. Sobre todo es importante cuando está recién adquirido, y más aún si se va a introducir en un terrario con otros ejemplares, o en caso de que se detecte cualquier síntoma o comportamiento anómalo.